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Observaciones sobre el 30.° aniversario de la Ley de Servicios y Prevención de la Violencia Familiar

5 de octubre de 2014

Nota del editor: esta entrada de blog es un cruce de información con el blog de la Administración para Niños y Familias. La fecha de publicación original fue el 1 de octubre de 2014. Lee la publicación original.

diario de un niño

Dibujo de la hija de la directora del programa FVPSA, Marylouise Kelley, 6, mientras Kelley era defensora en un refugio: "A veces, las señoras vienen al Centro de Crisis porque tienen problemas en casa. A veces, mi mamá tiene que mostrarles dónde duermen. A veces, vienen al Centro de Crisis con niños".

El 9 de octubre, celebramos el 30.° aniversario de la Ley de Servicios y Prevención de la Violencia Familiar (FVPSA, por sus siglas en inglés). Ese día en 1984, por primera vez en la historia, se destinaron recursos federales directamente a los refugios, servicios y programas para las víctimas de violencia doméstica. En la actualidad, la FVPSA apoya a casi 1,600 refugios, 200 tribus y organizaciones tribales, y coaliciones contra la violencia doméstica en 56 estados y territorios. El programa de la FVPSA también financia la Línea Directa Nacional contra la Violencia Doméstica y nueve centros de recursos nacionales e institutos culturalmente específicos. Estos programas proporcionan un salvavidas a millones de mujeres, niños y hombres cada año. Hace poco más de 30 años, yo fui una de ellas.

En 1982, recuerdo estar parada en el porche del Centro de Crisis en Manhattan, KS, con mi hijo de cuatro años y mi hija de cinco, esperando conocer al defensor de víctimas de violencia doméstica que respondió a mi llamada para que nos acompañaran a un refugio local. Era una estudiante universitaria en ese momento, todo lo que traje conmigo fue una mochila llena de libros y dos bolsas de papel con nuestra ropa. Atravesamos la puerta del refugio y, durante los días siguientes, hablé con otras sobrevivientes y supe que mi historia de abuso se asemejaba mucho a las de ellas. Escuchar a otras mujeres revelar el abuso físico, psicológico y emocional que sufrieron, cómo sus esposos y novios las controlaban, me ayudó a comprender finalmente que no era mi culpa. En ese momento, la violencia doméstica era un tema oculto y privado, y no teníamos la investigación para demostrar que más de una de cada tres mujeres son víctimas de violencia por parte de una pareja íntima. Como muchas mujeres en relaciones abusivas, decidí no dejar a mi esposo y darle otra oportunidad a mi matrimonio. Después de unos días en el refugio, regresé a casa, pero no era la misma persona. Doce meses después, decidí dejar definitivamente a mi pareja abusiva. En un apartamento de una habitación, los niños y yo comenzamos de cero, juntando estampillas de comida y beneficios de TANF para sobrevivir mientras yo todavía estaba estudiando. Un mes después de graduarme, envié una solicitud para una vacante como defensora de víctimas de violencia doméstica en el Centro de Crisis de Manhattan y mi vida cambió para siempre.

En aquellos días, nuestro refugio era una casa vieja y vacía que nos habían donado. Logramos meter 20 camas y una oficina con cuatro defensores. Gran parte de nuestro trabajo se hacía en la mesa de la cocina del refugio, donde las mujeres compartían sus historias y creaban comunidades de sanación. Nuestro pequeño programa y reducido personal cubrían cinco condados; cruzábamos todo el estado para encontrarnos con los sobrevivientes que necesitaban refugio o buscábamos a un magistrado para obtener una orden de protección. Como muchos programas contra la violencia doméstica durante ese tiempo, nuestras operaciones eran de base. Sin una financiación sostenida, el campo carecía de investigación, capacitación para el personal policial, proveedores de atención médica o consejeros. Funcionábamos con muy poco dinero; la fuente de financiación más grande de nuestro refugio fue una subvención de la ciudad de $60,000.

En 1984, todo eso cambió con la aprobación de la FVPSA. Por primera vez, la violencia doméstica se consideró una prioridad nacional. Los defensores comenzaron a recibir el debido reconocimiento y los fondos necesarios para brindar seguridad y curación a los sobrevivientes de violencia doméstica y sus hijos. Con la aprobación de la Ley de Violencia contra la Mujer en 1994, la respuesta federal se expandió para incluir un sistema de justicia más amplio y respuestas comunitarias a la violencia doméstica y la agresión sexual. Me enorgullece que, a lo largo de los años, los programas contra la violencia doméstica apoyados a través de la FVPSA y otras fuentes de financiamiento estatales y federales hayan transformado las respuestas de los programas y la comunidad. Los refugios son cada vez más acogedores y accesibles para todos los sobrevivientes (independientemente de su raza o etnia, orientación sexual, género, edad, capacidad física o dominio del idioma). Ahora es estándar que los programas se ocupen de los sobrevivientes como personas completas, con una variedad de necesidades de salud, salud mental, económicas y legales. Las prácticas de atención basada en el trauma y un enfoque especial en el apoyo a los niños expuestos a la violencia doméstica se han generalizado. Habiendo ingresado a un refugio como madre joven, asegurarme de que los servicios para víctimas de violencia doméstica se adapten a los niños es especialmente importante para mí. Estos programas reconocen que cuando los sobrevivientes se alejan de sus hogares, pertenencias y relaciones, necesitan algo más que un lugar seguro para quedarse; también necesitan asistencia económica y apoyo emocional mientras se recuperan y se vuelven a conectar con su comunidad.

Todos los días, sobrevivientes de todo el país encuentran el coraje para escapar de una relación abusiva. Cada mes, más de 20,000 personas hacen esa primera llamada a la Línea Directa Nacional contra la Violencia Doméstica. Y en un solo día en 2013, más de 66,000 mujeres, niños y hombres encontraron vivienda, ayuda legal y apoyo emocional de un programa contra la violencia doméstica. Pero cerca de 10,000 sobrevivientes nunca recibieron la asistencia que buscaban, porque los programas contra la violencia doméstica continúan al máximo de su capacidad, mientras que el financiamiento permanece estancado. Si bien el apoyo federal para estos programas sigue siendo fundamental, el trabajo de los defensores continuará hasta que nosotros, como cultura, nos neguemos a tolerar la violencia en las relaciones. Hasta entonces, me enorgullece que la FVPSA involucre activamente a las comunidades para crear ese cambio cultural desde adentro, reconociendo los tantos programas, en particular los dirigidos por comunidades de color, que han ganado un terreno importante.

Mi camino en el movimiento contra la violencia doméstica comenzó hace 30 años en el Centro de Crisis en Manhattan, KS. Desde el 2006, he liderado la respuesta federal como directora del Programa de la FVPSA, una división de la Oficina de Servicios para la Familia y la Juventud del Departamento de Salud y Servicios Humanos, aquí en Washington, DC. Me enorgullece supervisar la inversión del Departamento en refugios y servicios para las víctimas de violencia doméstica, incluidos los programas de prevención y la Línea Directa Nacional contra la Violencia Doméstica, que juntos forman la red nacional de programas que brindan ayuda todos los días a sobrevivientes en todo el país. En el 30.° aniversario de la Ley de Servicios y Prevención de la Violencia Familiar, recuerdo ese refugio en Kansas y espero con ansias sistemas de apoyo más amplios y más numerosos para sobrevivientes y sus hijos en el futuro.