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Cuidar a otros: por qué tenemos que hablar sobre ello

16 de mayo de 2016

Nota editorial: este blog ha sido extraído de Huffingtonpost.com. La fecha de publicación original fue el 12 de mayo de 2016. Lee la publicación original.

Grupo de mujeres sonriendoDurante 13 años, fui la cuidadora de uno de los hombres más importantes de mi vida: mi padre, Papá JR. Al igual que muchos cuidadores, sentí la dicha y la angustia de cuidar a un padre en la última etapa de su vida. Es una experiencia que a veces me hacía reír y otras, llorar. Él vivió conmigo hasta que falleció la primavera pasada. Fue un honor haberlo cuidado y tuve la bendición de haber compartido con él el día a día. Pero también hubo dificultades.

La verdad es que ser cuidador es un trabajo difícil, independientemente de cuánto amemos a la persona. Y cuando cuidas a un padre, existe un nivel de dificultad mayor porque se intercambian los roles. Ellos se convierten en el hijo y tú te conviertes en el padre —y a veces, en su enfermero. Como si las cosas no fuesen lo suficientemente confusas, además eres una persona con sus propias necesidades.

Por eso quiero hablar sobre el trabajo de los cuidadores en esta Semana Nacional de la Salud de la Mujer. No podemos ignorar este tema. Cada vez más personas padecen enfermedades crónicas, lo cual significa que muchos de nosotros, en algún momento, cuidaremos a un ser querido. Saber lo que implica el cuidado y poder hablar abiertamente sobre él nos prepara para el éxito. Nos ayuda a resaltar los problemas a los cuales nos enfrentamos a fin de poder encontrar soluciones; además, escuchar a otros nos permite prepararnos mejor para enfrentar las dificultades. Dado que fui cuidadora, quiero compartir dos consejos importantes contigo: uno que te beneficiará en tu tarea de cuidador y otro que te será útil en lo personal.

Para el cuidador

Mi padre sufría de demencia y su mente solía presentar altibajos. Necesitaba adaptarme a ese cambio, ser paciente y aprender todo lo posible sobre su enfermedad. Mi objetivo era ayudarlo a encontrar el equilibrio dentro de una nueva realidad. Quería mantenerlo física, emocional, espiritual y mentalmente estimulado todos los días. Establecí metas con él y le di motivos para tener ilusiones; eso incluía hacerlo participar de muchas actividades distintas. Mi salida semanal favorita era la noche de citas. Una noche, mi padre, que era tacaño, nos invitó a cenar a la enfermera y a mí. Cuando fuimos a pedir nuestros tragos, nos dijo que pidiéramos uno y los compartiéramos. Es posible que su mente no haya sido la más aguda, pero tenía mucho sentido del humor. Algunas de sus actividades favoritas eran la natación, la clase de arte, el tenis y las clases de salsa (por la emoción de tener mujeres hermosas bailando a su alrededor). También le encantaba ir a The Potters House, nuestra iglesia. La comunidad religiosa lo contenía mucho. También pude crear un sistema de apoyo fuera de la casa, lo cual hacía la tarea menos agobiante para mí. Creo que esa es la clave: darse cuenta de que no podemos hacer todo solos. Eso no te hace un mal cuidador. Te permite ser mejor.

Con el aumento de los costos médicos, es importante investigar a fin de encontrar un plan que funcione bien para ti. Infórmate sobre la enfermedad, aprende técnicas de cuidado, acepta ayuda, busca recursos, establece metas realistas y fíjate prioridades. Y asegúrate de tener un plan financiero. (Internet puede ser un buen lugar para comenzar a leer algunos artículos. Prueba caregiving.org (versión en inglés) y Medicare.gov.) Primero, toma una decisión y luego, elabora tu plan de cuidado. Averigua si tus familiares y amigos pueden ayudarte. Busca servicios de cuidado en tu comunidad, como un programa de un hospital local, un centro de cuidado para adultos o una iglesia. Nuestra iglesia tenía un excelente programa llamado Golden Days. Mi padre esperaba ansioso los jueves para poder asistir, no solo para socializar, sino también para disfrutar del almuerzo. Nunca rechazaba una comida. Las personas que conoces pueden convertirse en una extensión de tu familia. Ofrecen el apoyo que tú y la persona que cuidas necesitan.

Para la persona

Ya lo has escuchado, pero lo diré otra vez: para cuidar a otros, primero debes cuidarte a ti mismo. Si no priorizamos nuestra propia salud, ¿cómo podemos dar lo mejor de nosotros o cuidar a nuestros seres queridos? Me tomo un tiempo para mí todas las mañanas. Durante ese tiempo oro, medito y elongo. Me prepara para un día estresante, ya que me alivia el alma, me energiza el cuerpo y me levanta el ánimo. Cuando no me tomo este tiempo para mí por la mañana, noto una gran diferencia. Me ayuda a mantenerme equilibraba y enfocada.

Puesto que hace 25 años que me desempeño como experta en bienestar, te recomiendo que incorpores una rutina saludable diaria orientada a tu mente, cuerpo y espíritu. Todos tenemos una vida ajetreada, pero no debes relegar tu salud. Ocuparse de ella es fundamental y no tiene por qué consumirte mucho tiempo. Tal vez solo implique levantarte 10 minutos más temprano para hacer algo que te revitalice y te infunda ánimo y para orar por el día que debes enfrentar. Invierte tiempo en ti, así como lo inviertes en las personas que te rodean.

Espero que mis experiencias puedan ayudarte a atravesar tu propia experiencia como cuidador. Cuidar a mi padre tuvo sus dificultades, pero valió la pena. Independientemente de cómo y cuándo comiences a cuidar a alguien, recuerda ser amable, paciente, confiable y respetuoso. Si bien recibí muchos premios y distinciones, el cuidado de una persona es mi logro más importante. Mi padre una vez le dijo a su enfermera: "Cielos, tengo una buena hija". Ahora que ´se aproxima el aniversario de su muerte, agradezco a Dios por haberme dado fuerzas durante la experiencia y siempre atesoraré los recuerdos dulces y amorosos que compartí con mi padre.

Las afirmaciones y las opiniones que aparecen en esta entrada de blog pertenecen a su autor y no necesariamente representan las opiniones de la Oficina para la Salud de la Mujer del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU.