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Me pasó a mí

4 de febrero de 2015

Michelle WhitlockA solo un mes de mi cumpleaños número 27, todo mi mundo se detuvo. Era Navidad y casi todas las personas a mi alrededor se preparaban para las festividades navideñas, todas menos yo.

En medio de mis compras navideñas, una simple llamada telefónica lo cambió todo. Recuerdo el momento con mucha claridad. Estaba en el centro comercial cuando sonó el teléfono. Reconocí el número de mi médico inmediatamente. Estaba esperando con ansias los resultados de las biopsias cervicales que me habían practicado la semana anterior. Salí apresuradamente de la tienda y respondí el teléfono. Me dio la sensación de que todos los que me rodeaban aminoraron la marcha y repentinamente se detuvieron cuando mi médico me dijo: "Lo lamento. Los resultados indican que tienes un adenocarcinoma viloglandular invasivo (una manera elegante de decir ¡C-Á-N-C-E-R D-E C-U-E-L-L-O U-T-E-R-I-N-O!) Yo seguía repitiéndome: No, a 'mí' no me puede pasar.

Era el año 2001 y desde mis 16 años, cuando me sometí a mi primer examen de Papanicolaou, nunca omití ni una vez estos exámenes de control. Creí que estaba haciendo las cosas bien. A los 17, tuve resultados anómalos en mi examen de Papanicolau, por lo que el médico congeló (con criocirugía) las células "malas" que habían mutado. De allí en más, todo había salido bien.

Eso hasta que me hicieron aquel examen de Papanicolau en el otoño de 2001. Mi médico me informó que aunque mi examen de Papanicolau era normal, tenía un tipo de virus del papiloma humano (VPH) de alto riesgo. No sabía muy bien qué era el VPH y pensé, equivocadamente, que era un virus que solo provocaba verrugas genitales. Sin embargo, en seguida me enteré de que había más de 40 tipos de VPH que pueden infectar los genitales, la boca y la garganta. Si bien el VPH de bajo riesgo puede provocar verrugas genitales y, de hecho, lo hace, el VPH de alto riesgo puede causar ciertos tipos de cáncer, entre ellos, cáncer cervical, de vulva, anal, vaginal, de pene, de garganta y bucal.

Por haberme detectado un VPH de alto riesgo, mi médico me practicó un examen más minucioso del cuello uterino con un microscopio (colposcopía). Me hizo una biopsia (extracción de una muestra de tejido) del canal cervical (legrado endocervical), seguida de una biopsia más profunda del cuello uterino. Los resultados eran contundentes: tenía cáncer.

El estigma y la desinformación que rodean al VPH y al cáncer de cuello uterino me hicieron sentir sola y aislada. Debido a que el VPH es una enfermedad de transmisión sexual, algunas personas creyeron que algo habría hecho para merecer ese tipo de cáncer o que llevaba una vida promiscua. La realidad no se parece en nada a esta falacia. De hecho, el VPH es un virus que se propaga por el contacto entre la piel de las personas durante la práctica de sexo vaginal, anal u oral. Algunas personas pueden contagiarse después de un único contacto sexual, con o sin condón. Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, 79 millones de estadounidenses viven con VPH y otros 14 millones reciben el diagnóstico de esta afección cada año. En la mayoría de las personas, el VPH desaparece sin necesidad de tratamiento e incluso puede que nunca sepan que lo han padecido. Las personas cuya infección por VPH no se disipa corren riesgo de tener problemas de salud como cáncer o verrugas genitales.

Mi médico y oncólogo me recomendaron que me sometiera a una histerectomía radical, que anularía mi capacidad de gestar vida en mi cuerpo. No estaba casada ni tenía hijos. No podía soportar la idea de que el cáncer me arrebatara mi derecho a tener hijos, si es que alguna vez decidía tenerlos. Así que recurrí a un tratamiento experimental, conocido como traquelectomía radical porque me dejaría con al menos un 50 % de posibilidades de embarazarme en algún momento. Los índices de éxito son altos, pero en mi caso no funcionó.

Apenas dos años después, a fines de abril de 2004, el cáncer regresó con sed de venganza. Acababa de comprometerme cuando me enteré de que, para sobrevivir, debería someterme a histerectomía radical. Acepté, pero primero insistí en que mis médicos me ayudaran a "salvar" mi fertilidad. En junio de ese año, me extraje óvulos para dar vida a mis siete "potenciales bebés" (embriones), me casé en la playa y me interné en el hospital para someterme a la cirugía. Lamentablemente, luego de eso, tuve que someterme a radiación y quimioterapia durante cinco meses.

Resulta que sí podía pasarme a "mí". Tuve cáncer de cuello uterino, pero no hay motivo para que ni tú ni tus hijas lo tengan. No solo tenemos acceso a exámenes de detección preventivos, ¡sino que hay vacunas que pueden prevenir el cáncer! Hoy en día, existen vacunas que ofrecen protección contra los tipos de cáncer derivados del VPH y contra las verrugas genitales. Me hubiera encantado que existieran cuando era más joven.

En pocos días, cumpliré 40 años, y tengo la suerte de ser madre de tres niños pequeños. Tengo dos hijas de 1 y 5 años, y un hijo de 2 años y medio. Considero que tengo la responsabilidad de guiarlos, formarlos y protegerlos. Espero que nunca deban vivir lo que yo experimenté con el VPH y el cáncer de cuello uterino. También soy realista y sé que no puedo protegerlos de todos los peligros de la vida. Tanto mis hijos como los tuyos tomarán decisiones, algunas de ellas serán buenas y otras no tanto, algunas serán oportunas y otras, llegarán muy pronto o demasiado tarde. Sin embargo, seguiré intentando cuidarlos de todo tipo de peligro, de todas las maneras posibles. Les ajusto el cinturón de seguridad y tengo seguro de auto en caso de que haya un accidente, y los vacunaré contra el VPH a los 11 años para tener la certeza de que cuando tengan relaciones sexuales, sea o no por elección propia, sea que estén casados o no, su riesgo de padecer cáncer derivado del VPH disminuya considerablemente. Creo que las vacunas contra el VPH, que pueden prevenir ciertos tipos de cáncer, son uno de los mejores regalos que puedo darles.

Las afirmaciones y las opiniones que aparecen en esta entrada de blog pertenecen a su autor y no necesariamente representan las opiniones de la Oficina para la Salud de la Mujer del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU.