Saltar al contenido principal
Bandera de los EE. UU.

Un sitio web oficial del gobierno de los Estados Unidos

La vida después de un diagnóstico de SIDA

4 de marzo de 2015

Martha Sichone Cameron y su familiaNo creo que nada pueda prepararte para el momento en que revelan el documento que contiene tu destino. Aunque las probabilidades parecían estar en mi contra, no estaba preparada para escuchar que tenía VIH. Al parecer, el médico tenía noticias peores: en realidad era un diagnóstico de SIDA y el médico me dio 3 a 6 meses de vida.

Ahora que han pasado casi 12 años, miro en retrospectiva y aún puedo sentir la desesperación que me provocó enterarme de lo que ocurría. No quería creer lo que parecía inevitable. A esa altura de mi vida, había perdido muchos familiares a causa del SIDA. Nací y crecí en Zambia, y sentía que el SIDA nos había robado generaciones enteras.

El apoyo y aliento de mi familia, mis líderes espirituales y colegas me ayudó a sobrellevar la enfermedad, la depresión y el estigma que conlleva este tipo de diagnóstico. Afortunadamente, recibí medicamentos y un tratamiento que me salvaron la vida.

Mi vida después del diagnóstico
Conocí a mi marido cuando visitó Zambia en un viaje misionero. Aún creo que está loco por haberse enamorado de mí y él cree que yo estoy loca por haberme convertido en su esposa. Supongo que estamos perdidamente enamorados. La aceptación que recibí por parte de mi marido y de su familia es un milagro en sí mismo. Había perdido toda esperanza de casarme debido a mi condición de salud, así que la aceptación que encontré en mi marido y en su familia me pareció un milagro.

Los dos sabíamos que queríamos tener hijos, pero el panorama era aterrador. Teníamos demasiados interrogantes, entre ellos, si yo vería crecer a mi hijo.

Nos desvivimos por encontrar a algún médico que pudiera ayudarnos a prevenir la transmisión genética del VIH y que me practicara una cesárea para proteger la salud de nuestro hijo.

Mi primer hijo nació sin VIH en 2009. Tuvimos otro hijo en 2011. Tanto mis dos hijos como mi marido siguen siendo VIH negativos.

Siento que mi vida es un milagro, pero también es tan ajetreada como la de cualquier otra persona. Debo lidiar con el jardín de infantes, las clases de música, las fiestas de cumpleaños, las celebraciones navideñas, los Transformers Rescue Bots y los Power Rangers. Fuera de tomar dos píldoras antirretrovirales (medicamentos para el VIH) cuando me voy a dormir, lo cual difiere drásticamente de las seis a 10 píldoras que solía tomar dos veces al día, mi vida es prácticamente como la de cualquier mamá y mujer con empleo.

Actualmente, trabajo en una organización que ofrece servicios directos a mujeres de color de la región metropolitana de Washington, D.C. que tienen VIH o corren un alto riesgo de contraer el virus.

Creo que tengo la responsabilidad de informar y concientizar a las mujeres sobre el tratamiento y la prevención del VIH/SIDA. Quiero que todas las mujeres que viven con VIH / SIDA tengan la posibilidad de acceder a la atención necesaria y puedan, si así lo desean, encontrar el amor y formar una familia. Tú también puedes tener un hijo que sea VIH negativo.

Además, estoy segura que la información y la concientización ayudarán a combatir el estigma. Espero que al compartir mi historia, pueda ayudar a otras personas a comprender que el VIH / SIDA no te define. Tal vez sea una mujer que convive con el SIDA, pero lo más importante es que soy mamá, esposa e intercesora.

Únete a Martha para formar parte de una comunidad que lucha unida contra el VIH / SIDA; descubre cómo puedes apoyar el Día Nacional de Concientización sobre el VIH / SIDA en las Mujeres y Niñas.

Las afirmaciones y las opiniones que aparecen en esta entrada de blog pertenecen a su autor y no necesariamente representan las opiniones de la Oficina para la Salud de la Mujer del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU.