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Medicaid: 50 años ayudando a personas como yo

16 de julio de 2015

Nadia IbrahimLa semana pasada, me ausenté del trabajo para un examen médico de rutina. Necesito ayuda con las actividades diarias como vestirme o bañarme, pero fui sola a la cita. Para el lector promedio, no existe nada para destacar en esto. Pero hace 50 años hubiera sido imposible para una persona con una discapacidad, en especial para las mujeres.

A lo largo de los años, las mujeres con discapacidades han tenido que enfrentar obstáculos inigualables, que van desde problemas para acceder a la atención médica hasta desafíos para conseguir empleo. Las mujeres con discapacidades tienen más problemas que las mujeres no discapacitadas para acceder a atención médica de rutina, y los proveedores de dicha atención pueden no tener el conocimiento necesario para trabajar con personas discapacitadas. Además, las mujeres con discapacidades tienen menos posibilidades que los hombres discapacitados al momento de conseguir un empleo y, lo que es peor, son más propensas a vivir en mayor pobreza que los hombres discapacitados, debido a índices de desempleo más altos y al hecho de que ganan salarios más bajos.

Afortunadamente, gracias a varias legislaciones clave, entre las que se incluyen las Enmiendas de la Ley de Seguridad Social de 1965, mediante las cuales se establecieron Medicare y Medicaid, cambió la manera en que yo y muchas otras personas con discapacidades vivimos, trabajamos y participamos en nuestras comunidades. Tanto Medicare como Medicaid celebran su 50° aniversario este año. Medicare mejoró el acceso a la atención médica para los estadounidenses de 65 años en adelante y para los menores de 65 años con ciertas discapacidades, como por ejemplo, insuficiencia renal en etapa terminal. Medicaid brindó contención en el ámbito de la atención médica a madres con bajos ingresos y a sus hijos, pero también a personas con discapacidades.

Inicialmente, estos programas ofrecían asistencia para la atención de emergencia y para servicios y recursos de ayuda en instituciones de cuidado a largo plazo, de manera que las personas con discapacidades internadas en instituciones podían recibir asistencia en actividades cotidianas, como bañarse y vestirse. Pero con el paso del tiempo, Medicaid y Medicare ampliaron de manera drástica sus beneficios y ahora son más los estadounidenses que son elegibles para solicitar estas coberturas. Medicaid cubre una amplia variedad de servicios para más de 1 de cada 10 mujeres, tales como anticonceptivos, atención por embarazo y atención a largo plazo. Según datos de 2013 arrojados por The Kaiser Family Foundation, un 50 % de todas las mujeres con discapacidades reciben asistencia de Medicaid.

El mayor porcentaje de los costos de los programas se destina a servicios y recursos de asistencia a largo plazo. Sin embargo, se está generando una transición concreta de la financiación de la atención institucionalizada a la atención residencial y en ámbitos comunitarios. Las exenciones, los subsidios y los programas ofrecen a los estados la oportunidad de desarrollar estrategias creativas para ayudar a las personas con discapacidades graves a tener un mejor acceso a la atención médica, a conseguir y conservar un empleo, a tener control sobre su propia atención médica y a vivir una vida independiente. Aun así, sigue habiendo oportunidades para la amplia adopción de estas novedosas estrategias.

Durante los últimos 50 años, Medicare y Medicaid han sido de gran apoyo para las personas con discapacidades, los ancianos y quienes tienen bajos ingresos. Pero es probable que los cambios más significativos hayan sido los que permiten a las personas como yo mantener su bienestar físico, social y emocional a través de un mayor acceso a la atención médica y un empleo. Me siento agradecida por vivir en un mundo donde existen programas como Medicaid. Medicaid tiene en cuenta mis necesidades y me ayuda a desarrollar plenamente todo mi potencial.