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La depresión posparto es mi verdad

19 de junio de 2016

El 31 de diciembre de 2011, ¡tuve una hermosa bebita! Era algo con lo que había soñado durante mucho tiempo. Recuerdo el día posterior a su nacimiento, lloraba mientras hablaba por teléfono con mi partera porque me sentía tan abrumada. Mi beba era muy pequeña y realmente no sabía qué hacer.

Danni StarrSentirse un poco abrumada es normal. Después de dar a luz, muchas mamás (¡hasta un 80 %!) experimentan alguna variante de melancolía posparto. Esto puede provocar irritación o agotamiento, la necesidad de llorar sin motivo alguno o la preocupación de no poder ser una buena mamá.

Pero yo no tenía eso. Yo padecí algo que casi acaba con mi vida.

Cuando regresamos a casa del hospital, rara vez me levanté del sofá por 30 días. Me levantaba para alimentar y cambiar a la beba, pero no comía. Recuerdo que me sentía muy extraña. Hacía todo como una autómata: "Debo alimentar a la beba". "Debo cambiar a la beba". Ni siquiera recuerdo haber disfrutado alguno de esos momentos.

Una noche, estaba tan cansada que, literalmente, entré al navegador de Google para consultar cuántas pastillas de dormir podía tomar sin llegar a morirme. No quería morirme, pero quería llegar lo más cerca posible para ver si podía dormir durante varios días. De hecho, tenía un puñado de píldoras sobre la otomana. Empecé a tragarlas pero luego pensé: "¿Qué ocurrirá si estoy inconsciente y empieza a llorar? ¡Nadie la escuchará!" No quería que estuviera llorando, desprotegida. Así que rogué a Dios que me ayudara a dormir y deseché las píldoras. Mi beba me salvó la vida.

Después llegó el turno de la paranoia. Comencé a pensar que algo muy terrible sucedería. Empecé a guardar objetos de emergencia por toda la casa, cosas que necesitaría para sobrevivir si me escapaba, lo que finalmente hice. Secuestré a mi propia hija.

Afortunadamente, una amiga de la familia, que además es enfermera, me encontró en mi escondite. Me dijo que tenía depresión posparto (PPD, por sus siglas en inglés), un trastorno mucho más grave que la melancolía. En ese momento, no sabía que la PPD se manifiesta luego de casi el 15 % de los partos. Lo único que sabía era que quería desaparecer. Odiaba todo. No podía funcionar y me enloquecía darme cuenta de que no lograba conectarme con una bebita tan hermosa.

Aunque nunca quise lastimar a mi beba, mentiría si dijera que nunca quise hacerme daño a mí misma. Lamentablemente, sé que algunas personas que sufren PPD lastiman a sus bebés o se dañan a sí mismas.

Ni siquiera recuerdo cuándo comencé a sentirme mejor, pero superé la PPD con la ayuda de mis médicos y mi familia y, más adelante, tuve otra hija. Pensé que la segunda vez sabría detectar los síntomas. Afortunadamente, no volví a tener síntomas tan graves. Lo que no supe ver en ese momento es que la PPD se manifiesta de muchas maneras diferentes.

Después del nacimiento de mi segunda hija, me sentía ansiosa continuamente, era como una bola de nervios. Incluso en el trabajo, que era mi ámbito habitual, me sentía fuera de lugar. Sentía un profundo miedo de perder a mis hijas y a las personas que más me importaban. Pensé que era ansiedad, así que consulté a una médica que se especializa en salud materno-mental. Recuerdo que sudaba profusamente en su consultorio y tenía una taquicardia tan fuerte que sentía que el corazón se me iba a salir del pecho. No podía quedarme quieta. Me hizo un millón de preguntas, que respondí honestamente, esperando que me diagnosticara ansiedad y pudiéramos pasar a otra cosa.

Luego, explotó la bomba. Me dijo que estaba sufriendo PPD... otra vez. Inmediatamente, comencé a llorar a los gritos. Pensé: "No, NO tengo eso. Ya tuve eso y no era como esto. No puedo estar padeciendo eso. Casi me mata y arruina mi vida y mi matrimonio. Voy a trabajar, me río y funciono. ¿Cómo puedo tener eso otra vez?"

Ahora ya estoy bien, pero tuve que hacer un gran esfuerzo. Superé la PPD asistiendo a grupos de apoyo y a terapia, tomando medicamentos y rodeándome de personas que comprendían la situación por la que estaba pasando. Poco a poco, con la ayuda de un sistema de apoyo, las nubes se disiparon y, lentamente, volví a ser yo misma. Comencé a vivir otra vez.

Comparto mi historia porque quiero decirles a las mujeres que no están solas. Hay muchísimos recursos para mamás primerizas y mamás que están teniendo dificultades. No tiene nada de malo pedir ayuda. Yo lo hice.

La depresión posparto fue mi realidad, una horrible realidad que pude superar... y tú también puedes hacerlo.

Las afirmaciones y las opiniones que aparecen en esta entrada de blog pertenecen a su autor y no necesariamente representan las opiniones de la Oficina para la Salud de la Mujer del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU.