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Hipertensión

La hipertensión es el principal factor de riesgo de accidente cerebrovascular. Al tener hipertensión, tienes entre cuatro y seis veces más posibilidades de sufrir un accidente cerebrovascular.

La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias con cada latido del corazón. Si esta fuerza (presión) es muy elevada, puede dañar las arterias.

Eres más propensa a sufrir hipertensión si tienes antecedentes familiares de dicha condición. Otros factores de riesgo de la hipertensión incluyen tener hábitos alimenticios poco saludables, llevar una vida sedentaria y tener sobrepeso.

En los Estados Unidos, las mujeres afroamericanas son quienes corren el mayor riesgo de padecer hipertensión. Esto puede deberse al hecho de que las mujeres afroamericanas tienen mayor tendencia a sufrir obesidad o diabetes, las cuales pueden causar hipertensión. Las investigaciones también han revelado un gen común en afroamericanos que aumenta la sensibilidad a la sal. En el caso de aquellos pacientes que portan este gen, tan solo media cucharadita de sal a diario puede aumentar la presión sanguínea.1 Además, los estudios demuestran que los niveles de presión sanguínea son más elevados entre afroamericanos en los Estados Unidos incluso después de controlar otros factores y algunas de estas diferencias posiblemente se deban a los efectos de la discriminación.2

La hipertensión generalmente no presenta síntomas. La única manera de detectarla es controlando la presión arterial. Controla tu presión arterial para conocer los niveles:

  • Sistólica (sis-TO-li-ca) (el número superior) es la presión que se produce cuando el corazón late o irriga sangre a las arterias.
  • Diastólica (dias-TO-li-ca) (el número inferior) es la presión que se produce cuando el corazón está relajado.

Para disminuir el riesgo de enfermedades cardíacas, intenta bajar tu presión arterial a menos de 120 sistólica/80 diastólica.

Muchas mujeres desarrollan "hipertensión de bata blanca" en mayor medida que los hombres. Esto significa que tu nivel de ansiedad o estrés se eleva en el consultorio y esto puede provocar que la presión arterial suba. Si ir al médico aumenta tu nivel de estrés, pide a tu médico que te dé un monitor para usar en casa y así obtener una lectura de presión arterial más precisa.

Obtén más información sobre hipertensión.

Enfermedad cardíaca

Padecer otros tipos de enfermedades cardíacas es uno de los principales factores de accidentes cerebrovasculares. Esto se debe a que las enfermedades cardíacas, las cuales incluyen enfermedades en los vasos sanguíneos, afectan a todos los vasos del cuerpo. Algunas condiciones pueden aumentar las posibilidades de que se generen coágulos.

Entre los problemas cardíacos comunes que aumentan el riesgo de accidentes cerebrovasculares se incluyen:

  • Aterosclerosis. Se presenta esta afección cuando se acumula placa en las paredes arteriales, lo que las vuelve rígidas y duras. La aterosclerosis puede afectar a las arterias que irrigan sangre al corazón (enfermedad de las arterias coronarias), a las extremidades (enfermedad arterial periférica) y al cerebro (enfermedad de las arterias carótidas).
  • Fibrilación atrial (fi-bri-la-CIÓN a-triAL) (FA o FibA). La FibA es un tipo de arritmia o un ritmo cardíaco irregular. Los síntomas de la FibA incluyen palpitaciones, un ritmo cardíaco acelerado, mareos y dificultad para respirar. Con la FibA es más fácil que tu sangre se coagule porque tu corazón no puede bombear tan bien como debería. Las mujeres son más propensas que los hombres a sufrir un accidente cerebrovascular causado por la FibA, especialmente aquellas mujeres mayores de 75 años.3,4 Si tienes FibA, probablemente el médico te recete medicamentos para evitar coágulos.
  • Insuficiencia cardíaca. Esto sucede cuando el corazón no puede bombear sangre por el cuerpo tanto como debería. Con las insuficiencias cardíacas, son mayores las posibilidades de que la sangre forme coágulos que provoquen un accidente cerebrovascular. Los síntomas de insuficiencia cardíaca incluyen:
    • Falta de aire
    • Hinchazón en los pies, tobillos y piernas
    • Fatiga (cansancio) extrema
  • Enfermedad de las válvulas cardíacas. La enfermedad de las válvulas cardíacas afecta las válvulas que controlan el flujo sanguíneo hacia dentro y fuera de las distintas partes del corazón. Las válvulas del corazón pueden no abrirse del todo o cerrarse completamente por un defecto de nacimiento, por envejecimiento o por una infección. Esto hace que el corazón tenga que esforzarse más para bombear sangre. La enfermedad de las válvulas cardíacas puede provocar un accidente cerebrovascular y también insuficiencia cardíaca, coágulos de sangre o un paro cardíaco repentino. La enfermedad de las válvulas cardíacas puede causar problemas durante el embarazo, cuando tu corazón ya de por sí tiene que trabajar más para proveerle sangre a tu bebé nonato. Tu médico puede ayudarte a prevenir problemas durante el embaraza si sabes que tienes enfermedad de las válvulas cardíacas. Pero algunas mujeres no se enteran de que tienen un problema en las válvulas cardíacas hasta que quedan embarazadas.5

Colesterol y triglicéridos elevados

El colesterol es una sustancia cerosa y lipoide que está presente en todas las células del cuerpo. El cuerpo genera el colesterol necesario. También puedes obtener colesterol y grasas saturadas de alimentos como la carne y los productos lácteos. Las frutas y vegetales no contienen colesterol ni grasas saturadas.

La grasa extra de los alimentos que consumes puede obstruir las arterias. Con los análisis de sangre se pueden conocer los niveles de:

  • Lipoproteínas de baja densidad (LDL) o colesterol "malo". Los niveles elevados de LDL hace que el colesterol se acumule en las arterias, lo cual puede aumentar el riesgo de accidentes cerebrovasculares.
  • Lipoproteínas de alta densidad (HDL) o colesterol "bueno". En realidad, presentar niveles elevados de HDL es bueno. El colesterol HDL ayuda a reducir el colesterol total del cuerpo.
  • Colesterol total. Es la cantidad total de colesterol en el torrente sanguíneo, que incluye el colesterol LDL y el colesterol HDL.
  • Triglicéridos. Los triglicéridos son otro tipo de lípidos que se encuentran en la sangre. Las mujeres que presentan niveles elevados de triglicéridos corren un riesgo mayor que los hombres de sufrir accidentes cerebrovasculares.

El colesterol elevado no presenta síntomas. La única manera de saber si tienes colesterol alto es hablar con el médico para que te ordene un análisis de sangre. El médico puede prescribirte medicamentos y recomendarte otros cambios, como realizar más actividad física, que ayudarán a disminuir los niveles de colesterol y triglicéridos como también el riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares.

Sobrepeso y obesidad

Tener sobrepeso u obesidad aumenta las probabilidades de sufrir accidentes cerebrovasculares, especialmente si tienes grasa corporal extra en el área de la cintura (cuerpo con forma de manzana) en vez de en el área de las caderas y muslos (cuerpo con forma de pera).

Las mujeres con el cuerpo en forma de manzana pueden correr un mayor riesgo de accidentes cerebrovasculares en comparación con aquellas mujeres con el cuerpo en forma de pera.

Las mujeres posmenopáusicas con niveles elevados de triglicéridos y una cintura de más de 35" son más propensas a sufrir un accidente cerebrovascular que las mujeres posmenopáusicas con niveles normales de colesterol y una cintura de menos de 35".

Para disminuir el riesgo de accidentes cerebrovasculares, el índice de masa corporal (IMC) debe estar entre 18.5 y 24.9. Si el IMC está entre 25 y 29.9 se lo considera sobrepeso. Tener un IMC mayor a 30 indica obesidad. Descubre tu IMC utilizando esta calculadora de IMC que ofrecen los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

Bajar de peso disminuye el riesgo de accidentes cerebrovasculares porque se reduce el riesgo de desarrollar hipertensión, diabetes, colesterol alto y síndrome metabólico.

Diabetes

Las mujeres con diabetes son más propensas a morir a causa de un accidente cerebrovascular en comparación con los hombres diabéticos.6 Si sobreviven, probablemente sea mayor el riesgo de padecer problemas de salud a futuro.

La diabetes que no se controla puede dañar las arterias. La diabetes también aumenta las posibilidades de sufrir hipertensión y desarrollar coágulos que puedan provocar accidentes cerebrovasculares.

Alrededor del 28 % de la población estadounidense con diabetes desconoce que sufre dicha afección.7 La única manera de saber con certeza si tienes diabetes es mediante un análisis de sangre.

Obtén más información en nuestra página sobre diabetes y descubre la relación entre la diabetes y el riesgo de accidentes cerebrovasculares.

Síndrome metabólico

El síndrome metabólico (me-ta-BO-li-co) es el nombre que se le asigna a un grupo de factores de riesgo que se dan en forma conjunta y están relacionados con tu metabolismo. El metabolismo es el proceso que tu cuerpo lleva a cabo para convertir a los alimentos en energía. Tener el síndrome metabólico duplica el riesgo de enfermedades cardíacas. El síndrome metabólico se presenta con mayor frecuencia en mujeres que en hombres8

Tener síndrome metabólico aumenta el riesgo de accidentes cerebrovasculares.9 Tienes síndrome metabólico si presentas tres de estos cinco factores de riesgo:

  • Una cintura de más de 35"
  • Niveles de triglicéridos mayores a 150 mg/dL (miligramos por decilitro)
  • Niveles de colesterol HDL por debajo de los 50 mg/dL
  • Presión arterial de 130/85 mm Hg (milimetros de mercurio) o más
  • Glucosa en sangre de más de 110 mg/dL con al menos ocho horas de ayuno

Si tienes síndrome metabólico, puedes tomar medidas para controlar los factores de riesgo. El médico te controlará el colesterol, la presión arterial y la glucosa en sangre en forma regular para detectar el riesgo que corres a causa del síndrome metabólico.

Obtén más información sobre el síndrome metabólico.

Coagulación excesiva

La coagulación excesiva o extra implica que los coágulos se forman con mucha facilidad o se disuelven demasiado lento. Los coágulos pueden estrechar las arterias y las venas u obstruir completamente el flujo sanguíneo. Esto puede provocar un accidente cerebrovascular, un ataque cardíaco o dañar los riñones, pulmones u otras partes del cuerpo.

Las mujeres en edad reproductiva (entre los 15 y los 44 años) corren un mayor riesgo de desarrollar coágulos que los hombres de la misma edad.10,11 Algunas mujeres también tienen mutaciones genéticas (cambios en los genes con los que naces) que aumentan las posibilidades de que la sangre coagule y, como consecuencia, los riesgos de sufrir un accidente cerebrovascular son mayores.

Los antecedentes médicos familiares, el embarazo y ciertos medicamentos pueden causar una coagulación excesiva. Los medicamentos que contienen la hormona estrógeno, como los anticonceptivos hormonales o la terapia hormonal de la menopausia, también pueden aumentar el riesgo de desarrollar coágulos. Los hábitos cotidianos como la alimentación saludable y la actividad física hacen que la formación de coágulos sea menos probable. Probablemente, algunas personas que presentan esta condición también necesiten medicamentos para prevenir coágulos.

Obtén más información sobre la coagulación excesiva.

Lupus y artritis reumatoide

El lupus y la artritis reumatoide son problemas de salud que afectan a las mujeres en mayor medida que a los hombres.12,13El lupus y la artritis reumatoide son trastornos autoinmunes. Esto significa que hacen que tu sistema inmunológico ataque los tejidos y órganos de tu cuerpo, en vez de tan solo combatir infecciones. A veces, el corazón y los vasos sanguíneos son los tejidos y órganos que resultan atacados.

A causa de estos daños, eres más proclive a sufrir un accidente cerebrovascular. Si tienes lupus o artritis reumatoide, el tratamiento de dichas afecciones también puede reducir el riesgo de accidentes cerebrovasculares.

Lee más sobre el lupus y la artritis reumatoide.

Proteína C reactiva

A la proteína C reactiva (PCR) la genera el cuerpo y se libera al torrente sanguíneo en respuesta a un edema. Un edema (o una inflamación) es la manera en la que el cuerpo reacciona para curar infecciones o cortes. La inflamación también se puede presentar con el paso del tiempo en respuesta a niveles elevados de estrés o hábitos alimenticios poco saludables. Los edemas a causa de infecciones o cortes aumentarán los niveles de PCR por un período corto, pero si los edemas continúan por un tiempo prolongado se puede tratar de arterias dañadas, lo que te pone en riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular.

Generalmente, los niveles de PCR de las mujeres son más elevados que los de los hombres.14 Además, las mujeres hispanas y afroamericanas presentan los niveles de PCR más altos.15

Si estás al borde de correr el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular, es probable que el médico controle tus niveles de PCR para utilizarlos con el objetivo de definir la situación. El examen ayudará al médico a decidir si necesitas tomar medidas para reducir los niveles de PCR y contribuir con la prevención de accidentes cerebrovasculares. Esto puede implicar cambiar los hábitos alimenticios, realizar más actividad física o tomar medicamentos para tratar la hipertensión o el colesterol alto.

Fuentes

  1. American Heart Association. (s/d). Enfermedades cardíacas en mujeres afroamericanas (versión en inglés).
  2. Dolezsar, C.M., McGrath, J.J., Herzig, A.J., Miller, S.B. (2014). Discriminación racial percibida e hipertensión: un análisis sistemático e integral (versión en inglés). Health Psychology; 33(1): 20-34.
  3. Volgman, A. S., Manankil, M. F., Mookherjee, D., y Trohman, R. G. (2009). Women with atrial fibrillation: Greater risk, less attention ("Mujeres con fibrilación atrial: mayores riesgos y menor atención") (versión en inglés). Gender Medicine, 6(3), 419–432.
  4. Asociación Estadounidense del Corazón/American Stroke Association. (2014). Women Face a Higher Risk of Stroke ("Las mujeres corren un mayor riesgo de accidentes cerebrovasculares") (versión en inglés).
  5. Stout, K., Otto, C.M. (2007). Embarazo en mujeres con cardiopatía valvular (versión en inglés). Heart; 93(5): 552-558.
  6. Roche, M. y Wang, P.P. (2013). Sex differences in all-cause and cardiovascular mortality, hospitalization for individuals with and without diabetes, and patients with diabetes diagnosed early and late ("Diferencias en cuanto al sexo en la mortalidad por todos los motivos y por motivos cardiovasculares, hospitalización de pacientes con y sin diabetes y pacientes con diabetes diagnosticada a tiempo y tarde") (versión en inglés). Diabetes Care, 36(9), 2582–2590.
  7. Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. (2014). National Diabetes Statistics Report: Estimates of Diabetes and Its Burden in the United States, 2014 ("Informe estadístico sobre la diabetes a nivel nacional: estimaciones sobre la diabetes y su carga en los Estados Unidos, 2014") (versión en inglés).
  8. Aguilar, M., Bhuket, t., Torres, S., Lui, B., Wong, R.J. (2015). Prevalencia del síndrome metabólico en los Estados Unidos, 2003-2012 (versión en inglés). JAMA; 313(19): 1973-1974.
  9. Rodriguez-Colon, S.M., Mo, J., Duan, Y., Liu, J., Caulfield, J.E., Jin, X., Liao, D. (2009). Metabolic Syndrome Clusters and the Risk of Incident Stroke ("Los grupos del síndrome metabólico y el riesgo de un accidente cerebrovascular incidente") (versión en inglés). Stroke; 40: 200-205.
  10. Naess, I.A., Christiansen, S.C.,Romundstad, P.,Cannegieter, S.C., Rosendaal, F.R., Hammerstrom, J. (2007). Incidencia y mortalidad a causa de la trombosis venosa: un estudio basado en la población  (versión en inglés). J Thromb Haemost; 5:692-9.
  11. Roach, R.E.J., Cannegieter, S.C., Lijfering, W.M. (2014). Riesgos diferenciales en hombres y mujeres de trombosis venosa que se presenta por primera vez y en forma recurrente: el rol de los genes y el entorno (versión en inglés). J Thromb Haemost;12:1593-1600.
  12. Jacobson, D.L., Gange, S.J., Rose, N.R., Graham, N.M. (1997). Epidemiología y carga estimada de la población de ciertas enfermedades autoinmunes en los Estados Unidos (versión en inglés). J Thromb Haemost;84:3-223.
  13. Gleicher, N., Barad, D.H. (2007). El género como un factor de riesgo de enfermedades autoinmunes (versión en inglés). Journal of Autoimmunity; 28(1): 1-6.
  14. Khera, A., McGuire, D.K., Murphy, S.A., Stanek, H.G., Das, S.R., Vongpatanasin, W., et al. (2005). Diferencias raciales y de género en cuanto a los niveles de la proteína C reactiva (versión en inglés). Journal of the American College of Cardiology; 46(3): 464-9.
  15. Reiner, A.P., Beleza, S., Franceschini, N., Auer, P.L., Robinson, S.G., Kooperberg, C., et al. (2012). Asociación del genoma completo y análisis genético de la población referido a la proteína C reactiva en mujeres afroamericanas e hispanas (versión en inglés). American Journal of Human Genetics; 91(3): 502-12.