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Abortar la misión: encuentra esperanza más allá de los fibromas

Abortar la misión: encuentra esperanza más allá de los fibromas

Gessie Thompson

Gessie ThompsonNuestra bebé milagrosa Nia alguna vez fue la causa de las lágrimas en los ojos de su padre, cuando se sentó solo en su auto y esperó mi D y L (dilatación y legrado), un proceso que eliminó los restos de la hermana que Nia nunca conocerá. Ella fue las palabras que pronunció mi derrotado corazón cuando caí de rodillas pidiendo un milagro. Durante diez años, Nia fue quien impulsó nuestras oraciones, cuando en las celebraciones festivas de cada año nos tomábamos de las manos y orábamos en familia diciendo: "El próximo año llegará otro bebé". También estuvo presente en ese incómodo silencio que se generaba entre todos porque, desde hacía 10 años, todo era igual. Alguna vez, Nia fue el mero producto de nuestra inquebrantable tenacidad para mantener la ESPERANZA.

Mientras escribo sobre esta experiencia, ¡no puedo evitar maravillarme por haber sobrevivido al dolor que significó atravesarla! En 2001, me diagnosticaron fibromas uterinos, tumores de tejido blando que se forman en el útero. A partir de allí, la infertilidad, una consecuencia de dichos fibromas, se convirtió en una dolorosa realidad a la que me tuve que enfrentar.

El proceso de sanación fue un camino largo y extenuante en el que enfrenté:

  • Una batalla de catorce años contra los fibromas que me obligó a pasar más de 120 días internada en un hospital;
  • Una batalla de diez años contra la infertilidad;
  • Diez cirugías, cinco de ellas por fibromas;
  • Cinco fertilizaciones in vitro;
  • Un aborto espontáneo desgarrador;
  • La batalla de nuestra Nia contra los fibromas, que estaban succionando su suministro de sangre, cuando mi embarazo llevaba solo 21 semanas;
  • Un ataque cardíaco en la camilla de parto y, afortunadamente,
  • ¡El nacimiento de nuestra milagrosa beba, que pesó 2.5 libras y midió 14 pulgadas, el 8 de septiembre de 2011!

Mi familia pudo disfrutar de un final de cuento de hadas, pero la cosa es diferente para mí; por desempeñarme como asesora experta en fibromas e infertilidad, escucho a diario historias como la mía, de mujeres que aún luchan contra los fibromas y la infertilidad. Entre un 20 % y un 80 % de las mujeres desarrollan fibromas para cuando llegan a los 50 años; algunas de ellas, ven sus vidas arruinadas por la infertilidad, hemorragias que pueden ser fatales y, por consiguiente, anemia, dolores menstruales debilitantes, una vergonzosa incontinencia (pérdida del control de la vejiga) y muchos otros trastornos.

Puesto que tuve todos estos síntomas, comparto las tres cosas más importantes que me ayudaron:

  1. Una dieta baja en estrógenos: ciertos estudios sugieren que existe una relación entre el estrógeno y los fibromas, así que hablé con mi médico especialista en naturopatía (un médico que utiliza tratamientos naturales) para eliminar el estrógeno de mi dieta. Implementé una alimentación orgánica, a base de vegetales. Evito los alimentos que han sido rociados con pesticidas, los azúcares, los alimentos procesados, el trigo, el arroz. Los he reemplazado por muchas frutas y verduras, como por ejemplo mangos, melones, kiwis, col rizada, tomates cherry, pimientos dulces, calabaza, papas violeta, ñame silvestre, semillas de cáñamo sin piel, nueces de nogal negro, semillas de calabaza, lentejas negras, plátanos rojos ¡y muchos otros alimentos!
  2. Tolerancia cero a la toxicidad: creo en la sanación que parte de una conexión entre mente, cuerpo y espíritu, por lo que inicié mi propia búsqueda para lograr una desintoxicación espiritual, física y emocional. En mi caso, esto significó eliminar a las personas negativas de mis círculos más íntimos, desarrollar una mentalidad basada en el amor propio y la aceptación de mí misma, optar por productos de tocador y de belleza de composición íntegramente natural y tomar algunas otras medidas.
  3. Cambiar mi estrés por descanso: el estrés es la reacción del cuerpo y de la mente a la presión que conllevan nuestras ajetreadas y exigentes vidas. Frente a esta realidad, he desarrollado mi "Estrategia de la doble E": establecer límites saludables y expresar esos límites con mis actos. Eso implica:
    • Valorar cada día: me enfoco únicamente en las tres o cuatro cosas de cada día que más incidirán en mi perspectiva general y en mis metas. Esto significa aprender a rechazar sin culpa los proyectos ajenos de último minuto y también aprender a reconocer y aceptar qué cosas están dentro y fuera de mi control.
    • Buscar la plenitud mental: hago una pausa varias veces al día, por lo menos una cada dos o tres horas, para tomarme un minuto de reflexión. También me enfoco en priorizar mis oraciones como parte de mi ritual cotidiano para liberarme de preocupaciones.
    • Hacer actividad física: Practico ejercicios mentales y corporales que conllevan movimientos y posiciones delicados en los que se prioriza la concentración, la respiración y la relajación.
    • Darme tiempo para divertirme: me enfoco en las personas, las cosas y las actividades que me transmiten paz y alegría.

No puedo imaginar cómo sería mi vida hoy si hubiera desistido de ser madre por los fibromas y la infertilidad. Una de las lecciones más importantes que aprendí fue que debía dejar de ser una supermujer y empezar a priorizar mi bienestar espiritual, emocional y físico para ayudar a través de aquello a lo que he sido destinada. ¡Llegó el momento de que hagas lo mismo!

Comparte tu historia sobre fibromas e infertilidad durante la Semana Nacional de Concientización sobre los Fibromas y la Infertilidad (del 23 al 29 de abril de 2017) con los siguientes hashtags: #MyFibroidsStory, #MyInfertilityStory, #NIAW, #NFAW.

 

Las afirmaciones y las opiniones que aparecen en esta publicación pertenecen a su autor y no necesariamente representan las opiniones de la Oficina para la Salud de la Mujer del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU.