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Michelle Williams, de Destiny's Child, habla sobre la depresión

18 de octubre de 2017

La depresión no se limita a una sensación de melancolía o abatimiento que dura algunos días. Es una enfermedad real que puede afectar la vida cotidiana de una persona. Millones de estadounidenses padecen depresión y este trastorno es más común entre las mujeres que entre los hombres. La exintegrante del grupo Destiny's Child, Michelle Williams, es una de las mujeres que la sufre. Aquí nos cuenta su experiencia con la depresión, por qué decidió pedir ayuda y cómo ha aprendido a controlar su enfermedad.

¿Puedes contarnos algo sobre tus experiencias con la depresión?

Mi experiencia con la depresión comenzó en los primeros años de mi adolescencia, pero recién cuando pasé los 30 supe qué nombre darle. Pensaba que eran los problemas propios del crecimiento, que era la sensación normal de cualquier niña que se estuviera convirtiendo en mujer. También tuve depresión durante un cierto período, cuando estaba en la universidad, y nuevamente mientras formaba parte de Destiny's Child.

Lo que me ha resultado especialmente difícil es intentar compartir mis sentimientos con personas que no han sufrido depresión. Hubo varias personas que me dijeron: "Tienes un montón de cosas fabulosas en tu vida, no es posible que estés deprimida". Piensan que estar deprimido implica ser desagradecido. Pero no tiene nada que ver con eso. Puedo sentir gratitud porque el sol brille en el cielo y, aun así, sentirme triste.

¿Qué sensación te provocaba la depresión?

Para mi, la depresión era como un desmoronamiento lento ... como estarme derritiendo poco a poco. Me sentía triste y profundamente cansada, y podía dormir toda la semana. También tenía una sensación de desesperanza, de querer abandonar todo. Cuando estaba deprimida, perdía interés en las cosas que normalmente me daban alegría y me revitalizaban. Era como si estuviera viviendo mi vida sin estar realmente presente en ella. Y durante esos períodos, si tenía que cancelar alguna presentación o me atrasaba con algún compromiso, no me sentía culpable en lo absoluto.

Ahora, cuando percibo que empiezo a sentirme así, trato de hacer ejercicio o alguna otra actividad que me impida derrumbarme por completo. Si me derrumbo por completo, me resulta mucho más difícil volver a mi estado normal.

¿Cuándo te diste cuenta de que necesitabas un tratamiento?

Durante muchos años, pensé que alguien como yo no necesitaba tratamiento. Pensaba que era para personas que habían pasado por experiencias muy difíciles, como el abuso, o que tenían síntomas más agudos que los míos. Recién cuando pasé los 20 y una amiga me contó sobre su terapia, comprendí que la terapia podía ser buena para personas con diferentes circunstancias.

Empecé a hacer terapia a los 30, cuando me di cuenta de que mi depresión me había llevado a aislarme y a sentir que quienes más me querían me estaban hiriendo o me enojaban. No quería sentirme infeliz ni tomar decisiones perjudiciales que modificaran todo aquello por lo que me había esforzado. No quería llegar al punto de aislarme de todas las personas que me hubieran ayudado o que pudieran llegar a ayudarme.

Cuando finalmente me decidí a buscar ayuda, ¡estaba tan contenta con mi terapeuta que se la recomendé a todo el mundo! Me ayudó a dilucidar cosas sobre mí y sobre mis acciones. Y también me ayudó a deshacerme de los hábitos poco saludables que había repetido durante 20 años.

¿Cómo controlas tus síntomas ahora?

Una de las mejores técnicas para mí es establecer límites. Cuando una persona me empieza a hablar de un problema propio con el que no puedo ayudarla, me pongo alerta porque me preocupa absorber los problemas de otro. Entonces trato de establecer límites frente a ese tipo de conversaciones.

También he descubierto que es importante decirme a mí misma una o dos veces por semana cuánto me quiero. Debes encontrar la manera de demostrarte ese amor a través de cosas, cosas que dejas de hacer cuando te ataca la depresión. Puede ser cualquier cosa: salir, andar por una ciclovía, admirar las flores o incluso disfrutar de un batido de leche. También he descubierto que ejercitarse regularmente hace maravillas.

¿Todavía tienes días en los que te sientes alicaída? ¿Qué haces en esos días para cuidarte?

La depresión me genera deseos de dormir todo el día o incluso, toda una semana. Así que, si me percato de que podría tener un día triste, hago todo lo posible por levantarme, hago mi cama y me digo: "No, no es así como pasaremos este día". No tengo soluciones mágicas; solo me recuerdo a mí misma que estoy bien desde hace tiempo y que he llegado demasiado lejos como para que un día malo me lleve a echar todo por la borda.

¿Cómo crees que incide nuestra salud mental en nuestro estado de salud general?

Nuestras mentes y emociones controlan todo. Nuestros cerebros les dicen a nuestros cuerpos cómo deben funcionar. Todo proviene de la cabeza y de la mente.

¿Tienes algún consejo para las mujeres que tal vez sientan demasiada vergüenza como para pedir ayuda?

Traten de dejar de lado todas aquellas cosas que les inculcaron y que las llevan a dudar. Buscar ayuda y hablar con franqueza sobre el tema puede ayudarles a apreciar muchísimas cosas buenas sobre sus vidas. Tengo amigos cuyas vidas no siempre fueron supersaludables desde el punto de vista emocional, pero es evidente que han podido crear un entorno positivo para criar a sus hijos de manera saludable.

Es fundamental que las mujeres comprendan que ciertas personas disfrutan de una vida disfuncional o que, tal vez, ni siquiera saben que están llevando una vida disfuncional. Hay personas que podrían tener problemas sin resolver y esos problemas pueden afectar la relación que tengan con ustedes, incluso si no les conciernen. Deben cuidar de ustedes y deben hacerlo por su propio bien.

¿Qué quieres decirles a las mujeres que están viviendo con depresión o con algún otro trastorno de salud mental?

No piensen, como yo lo hice, que tener depresión es algo terrible. No deberíamos pensar que los trastornos de salud mental son peores que cualquier otra enfermedad. Debemos normalizar el tema para que las mujeres se sientan cómodas buscando ayuda para tratar su depresión, tal como lo harían si tuvieran gripe o diabetes. Deben reunir valor y salir a buscar ayuda.

También hay cosas que pueden hacer a diario para cuidarse. Díganse a ustedes mismas las cosas positivas que tienen, antes de finalizar cada día. Dios no denosta a ninguna persona, así que ¿por qué hablamos negativamente de nosotras mismas y de los demás?

También descubrí que armar una pizarra con recordatorios visuales es terapéutico. Me ayuda a reflexionar sobre lo que tengo, lo que quiero, las metas que estoy segura de poder alcanzar y aquellas que creo no poder alcanzar. Viajar siempre fue algo que quise hacer pero en el pasado nunca me lo había permitido; al incluirlo en la pizarra, me acuerdo del logro ahora que lo he conseguido.

¿Qué pueden hacer las mujeres para contribuir a combatir el estigma que hay en torno a los trastornos de salud mental?

Hablar del tema. Normalizarlo como hemos normalizado el tema de la ropa interior modeladora y el SPM. Tengo amigos que me preguntan: "¿Cómo está tu mente y cómo está tu corazón?" Esto ofrece a las personas la posibilidad de reflexionar sobre el estado en el que se encuentran. Las personas pueden sincerarse y es importante que les permitamos hacerlo. Necesitamos crear un espacio para que las personas hablen sobre sus verdaderos sentimientos.

Si sienten que la depresión está afectando sus vidas cotidianas o la de algún ser querido, existen recursos de ayuda. Averigua más sobre la depresión y sobre los lugares donde puedes buscar ayuda.

Las afirmaciones y las opiniones que aparecen en esta publicación pertenecen a su autor y no necesariamente representan las opiniones de la Oficina para la Salud de la Mujer del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU.