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La lactancia materna y el bebé

Entender cómo tu cuerpo y tu bebé recién nacido trabajan en conjunto es útil de dos maneras. Antes de tener a tu bebé, esta información puede ayudarte a tomar la decisión de amamantar. Durante esos primeros días y semanas después del trabajo de parto y el alumbramiento cuando estás aprendiendo a amamantar, recordar estos principios básicos puede ayudarte a superar los momentos difíciles. Esto es lo que toda futura mamá necesita saber sobre la conexión entre la madre y el bebé.

 

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Tu bebé nació para la lactancia materna.

Al cabo de pocos minutos de haber nacido, los bebés automáticamente buscarán obtener leche del seno de su madre. Los bebés no necesitan que les enseñen a prenderse del pecho. El desafío como mamá primeriza es aprender a notar la diferencia entre un bebé que tiene hambre y uno que está cansado o solo incómodo. Amamantar cuando tu bebé te lo pida te ayudará a reconocer algunos de los signos de hambre de tu bebé, como hacer chasquidos con la boca o chuparse el puño. Cuando tengas dudas, siempre ofrécele el pecho. Un bebé sin hambre no comerá. Piensa en la lactancia materna como un baile y deja que tu bebé te guíe. Sé paciente. Sigue intentando. Lo lograrás.

La barriguita de tu bebé es pequeña.

Al momento del nacimiento, la barriguita de tu bebé solo puede recibir una o dos cucharaditas. En la semana 1, el estómago de tu bebé crece hasta tener una capacidad de 2 onzas (el tamaño de una almendra). Por lo general, los recién nacidos pierden un poco de peso en los primeros días después de nacer. De tres a cinco días después de volver a casa del hospital, llevarás a tu bebé de vuelta al consultorio del médico para asegurarte de que todo marche bien. Mientras tanto, lleva un registro de la alimentación y los pañales sucios del bebé, para que puedas saber si tu bebé está comiendo lo suficiente.

No des cereales a bebés menores de 6 meses y no agregues fórmula a lo que come tu bebé sin consultarlo con su médico. El sistema digestivo de un bebé todavía no está desarrollado y la leche materna es más fácil de digerir que la fórmula.

Tu leche materna es única.

A diferencia de la fórmula, tu leche se ajusta según las necesidades de tu bebé y es fácil de digerir. En los primeros días de vida, tu calostro (el líquido espeso dorado que producen tus senos) proporciona todos los nutrientes que tu bebé necesita. Luego, cuando "baje tu leche" de tres a cinco días después del parto, podrás alimentar a tu bebé solo con leche materna durante los siguientes seis meses. Incluso si te enfermas, tu cuerpo producirá anticuerpos, que pasarán a tu leche. Los anticuerpos ayudarán a tu bebé a combatir cualquier resfrío o infección.

Y la cantidad de tu leche aumenta a la par del crecimiento de tu bebé en las siguientes semanas y meses. Es muy raro que una madre no produzca suficiente leche para alimentar a su bebé, así que confía en tu cuerpo. (Lee más acerca de producir suficiente leche).

A tu bebé le gusta sentir tu piel junto a su piel.

En esas primeras semanas, los recién nacidos necesitan contacto piel a piel. Los bebés que tienen mucho contacto piel a piel son más saludables y es probable que no lloren tanto.  Es bueno involucrar a tu pareja. Por ejemplo, pídele a tu pareja que sostenga al bebé sin ropa contra su pecho desnudo, tal vez inmediatamente después de alimentarlo. No existe tal cosa como malcriar a un recién nacido, así que carga a tu bebé con la frecuencia que desees.

A tu bebé le gusta que lo abracen.

Sostén a tu bebé cerca de tu cuerpo cuando lo amamantes, con su ombligo hacia ti, no hacia el techo. Si tienes los senos grandes y tu bebé tiene problemas para llegar al pezón cuando lo pones contra tu pecho, prueba sujetarlo como un balón de fútbol americano o recuéstate de lado hasta que encuentren una posición cómoda para ambos. Lee más sobre las maneras de sostener al bebé cuando lo amamantas.

Tu bebé llorará.

El llanto es la manera en que se comunican los bebés. Pero los bebés no lloran solo cuando tienen hambre. También lloran cuando tienen sueño o gases, están enfermos, tienen el pañal sucio o necesitan que los carguen. Llorar por hambre es el último recurso de un bebé, quien solo te está diciendo que se te está haciendo tarde para alimentarlo.

Siempre es más difícil alimentar a un bebé que está llorando y cansado, pero pronto descubrirás las señales de hambre de tu bebé. Entonces podrás alimentar a tu bebé antes de que empiece a llorar y mantener bajo control esas lágrimas por hambre. (Si tu bebé está llorando en exceso, hasta el punto de vomitar o perder peso, podría tratarse de un cólico. Como siempre, habla con el médico o enfermera de tu bebé sobre esto).

Tu bebé necesita dormir... ¡y tú también!

Los bebés no saben qué hora es. En las primeras semanas, no existen tales cosas como el "patrón de sueño" o "entrenamiento para dormir" del bebé. En cambio, los recién nacidos atraviesan muchos pequeños momentos de sueño y vigilia durante el día y la noche. A menudo, solo hay pocos períodos largos de sueño. Durante esas primeras semanas, la mayoría del tiempo en que el bebé está despierto se la pasa alimentándose.

Por lo tanto, siempre y cuando tu bebé esté haciendo pis y caca suficiente para al menos 6 pañales sucios por día, solo necesitas despertarlo si ya pasaron más de cuatro horas desde la última vez que se alimentó. Si tus senos se llenan mucho, especialmente por la noche, trata de sacarte leche ya sea manualmente o con un extractor de leche. Y recuerda dormir cuando duerma el bebé. ¡Tu sueño es importante también!