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Entrevista a una veterana: Molly Mae Potter

17 de julio de 2017

Molly Mae Potter nos cuenta todo lo que vivió en su paso por la Fuerza Aérea y posterior retorno a la vida de civil, desde su experiencia en zona de guerra hasta su lucha contra el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y su victoria en el concurso "Ms. Veteran America 2016". Se sincera sobre lo que vivió a causa del TEPT y sobre el rol que tuvo Bella, la perra de la familia, en su proceso de sanación. Lee la entrevista que le hemos hecho para saber lo que significa para una mujer estar en el Ejército, cuándo le diagnosticaron el TEPT, cuándo logró encontrar un tratamiento y cuál es su opinión respecto de lo que podemos hacer para apoyar a las veteranas de guerra.

P: ¿Cómo era ser una mujer en la Fuerza Aérea?

R: Cuando me alisté en la Fuerza Aérea, nunca pensé: "Soy una mujer y me estoy alistando para ser militar".Pensaba en el sentido de deber y la decisión satisfacía mi deseo de servir a mi país y mi necesidad de vivir aventuras y trabajar arduamente.

Me alisté en la Fuerza Aérea a través de la Escuela para Oficiales en 2007 y me convertí en ingeniera de pruebas aeronáuticas en la Fuerza Aérea. Era una de las pocas mujeres en ese campo profesional dentro de la carrera militar. Me encantaba ser ingeniera de pruebas militar. Me encantaba pilotar aviones de combate. Y me encantaba usar el uniforme y servir a mi país. Cada día, al despertar, me sentía orgullosa de mi trabajo y de representar a las mujeres en un campo profesional tan complejo y exigente, que requiere un alto nivel de conocimiento técnico para tener un desempeño exitoso.

Sin embargo, en poco tiempo comprendí que estar entre las pocas mujeres que se desempeñaban en un campo profesional tan arduo exigía un gran nivel de precisión, disciplina y excelencia en todo momento. Si cometía algún error, la gente lo notaba.

P: ¿Cómo eran tus síntomas de TEPT en la época en que recién empezaron?

R: No me había percatado de lo mucho que me había afectado participar del despliegue en Afganistán en 2010. Mientras estuve allí, viví experiencias traumatizantes y sufrí una lesión cerebral traumática a raíz de un ataque con proyectiles a la base. Cuando regresé, intenté retomar mi vida y concentrarme en mi nuevo empleo, pero noté que pasaba algo malo.

Quería regresar a Afganistán. Aunque el destacamento pueda parecer algo horrible, al estar allí, al menos estaba rodeada de personas que comprendían lo que significaba estar en una zona de guerra. Cuando regresé a mi vida citadina y empecé a trabajar como ingeniera en una oficina, dentro de una base de la Fuerza Aérea, empecé a sentirme irritable y fuera de lugar. Comencé a desarrollar conductas obsesivas y no quería quedarme en casa, sola con mis pensamientos. Era la primera en llegar al trabajo y la última en irme. Empecé a correr entre una y dos horas por día (antes del despliegue, no salía a correr). Me obsesioné con mi peso y adelgacé mucho en muy poco tiempo. Empecé a sufrir insomnio. Siempre había sido una típica chica sureña, muy afable, despreocupada y sociable, pero comencé a aislarme de mi familia y mis amigos, y era brusca con la gente con la que tenía relación. Mi matrimonio comenzó a colapsar rápidamente. Sentía que estaba en un universo propio y depresivo, donde nadie comprendía nada de lo que me pasaba, y no lograba relacionarme con nada ni nadie que no fuera parte de lo que yo había vivido en Afganistán.

Solo ocho meses después de haber estado en el despliegue, tenía un nuevo empleo con nuevos compañeros y vivía en otro estado. Además, luchaba a diario para combatir el desprecio que sentía por mí misma, los horripilantes terrores nocturnos, las lagunas mentales y la ansiedad. Sin embargo, mi empleo me exigía un rendimiento óptimo, ya que trabajaba con los mejores pilotos e ingenieros de prueba del ámbito militar. Estaba entre unas tres mujeres más que tenían el mismo puesto y sentía la presión diaria de rendir al 110 % todo el tiempo.

Desarrollé ciertos hábitos y me encerré en mí misma para hacer creer a los demás que tenía mi vida bajo control, pero en mi interior y cuando me quedaba sola en casa, me sentía completamente abrumada, solo que nadie lo sabía. Pensé que era solo una etapa y que podría superarla sin ayuda. Mientras tanto, la falta de sueño, la depresión y mi trastorno alimentario me estaban haciendo mella y mis barreras de protección se derrumbaban rápidamente.

P: ¿Puedes contarnos cómo fue el proceso que culminó en el diagnóstico de TEPT?

R: En la primavera de 2013, tuve un accidente de auto mientras iba del trabajo a casa. (Ese día había estado volando por trabajo). Después de ese accidente, me di cuenta de que ya no podía seguir fingiendo. Me di por vencida y admití que tenía trastornos de salud mental y problemas personales frente a mi familia, mis amigos y las Fuerzas Armadas. En ese momento, tenía un comandante maravilloso que hizo todo lo posible para que yo recibiera la ayuda que necesitaba.

Me relevaron de las tareas aeronáuticas y durante los siguientes meses mi único trabajo en las Fuerzas fue seguir mi tratamiento para el TEPT. Mi tratamiento fue algo que se mantuvo en secreto absoluto. En las Fuerzas, todavía hay un gran estigma en torno a la necesidad de tratamientos para la salud mental. Evidentemente, las personas creían que el hecho de someterme a un tratamiento acabaría con mi carrera. Sentía que, al mirarme, las personas pensaban: "¿No sabes que tu reputación de oficial está arruinada? ¿No te das cuenta de que acabas de liquidar tu propia carrera aeronáutica? ¿No entiendes que ahora las personas creen que estás loca?"

P: ¿Qué es lo que realmente te ayudó y generó un cambio positivo en tu camino hacia la recuperación?

R: Durante mi tratamiento, que en ese momento no progresaba muy rápidamente, mi mamá decidió enviarme a Bella, la perra de mi familia, para que me hiciera compañía. Es una tierna perra mestiza a la que le gusta acurrucarse y mi mamá supuso que su compañía ayudaría a aliviar mi ansiedad mientras me sometía a un tratamiento tan intensivo. Tenía razón. En cuanto Bella llegó a mi vida, mi progreso en terapia pasó a ser óptimo. Me tranquilizaba durante el día. Me obligaba a salir de la casa para sacarla a pasear. Se acurrucaba conmigo por las noches y me ayudaba a aliviar mis pesadillas. Empecé a estar de mejor humor y mi perspectiva general de la vida comenzó a ser más optimista. Mi terapeuta me sugirió que la convirtiera en mascota terapéutica; de ese modo, podría llevarla conmigo a más lugares, lo que me ayudaría a salir de casa más seguido.

Bella me ayudó incluso a dormir mejor. Comenzó a despertarme cuando tenía terrores nocturnos y a calmarme cuando ya estaba despierta. En poco tiempo, gracias a que Bella estaba conmigo, pude dejar de tomar los medicamentos para dormir y algunos otros que equilibraban mi estado anímico.

Como estaba progresando de manera admirable en mi terapia con Bella, mis comandantes querían que regresara al servicio activo. Me encontraron un trabajo fabuloso que me dejaba tiempo para enfocarme en la terapia y me permitía trabajar casi sin estresarme. Pero cuando aparecí con Bella, el comandante de la base se enojó. No existía ninguna reglamentación en la política de la Fuerza Aérea que permitiera a los miembros de la Fuerza Aérea en servicio activo tener un perro terapéutico con uniforme (para esa época, Bella ya había sido registrada oficialmente como perra terapéutica). En lugar de dejar a Bella en casa, me comuniqué inmediatamente con el jefe de personal de la Fuerza Aérea, le expliqué mi situación y, además de darle la bienvenida a Bella a la Fuerza Aérea, ayudó a cambiar la política.

Pasé mis últimos meses en la Fuerza Aérea trabajando conjuntamente con el Pentágono a fin de que los perros de servicio puedan ser un recurso para el tratamiento del TEPT y la prevención del suicidio de aviadores en servicio activo. Sentía que mi paso por la Fuerza Aérea había sido bueno y quería retirarme dignamente. En noviembre de 2013, recibí la baja de la Fuerza Aérea con honores... y con Bella a mi lado.

P: ¿Tienes algún consejo para otras veteranas que padezcan TEPT?

R: En definitiva, las mujeres que ingresan a las Fuerzas Armadas y luego se convierten en veteranas suelen tener una personalidad Alfa; son personas que sirven a su país con honor y se esfuerzan para ser autosuficientes. Sin embargo, nadie les enseña cómo buscar ayuda o apoyo. Todo lo contrario. Se les enseña a tomar una actitud defensiva y a enfocarse en cumplir con una misión sin quejarse y sin fallar. Creo que esto es lo que sienta las bases para el desamparo y los trastornos de salud mental sin tratar que las veteranas pueden llegar a enfrentar mucho tiempo después de haber dejado el uniforme.

P: ¿Qué pueden hacer las familias de las veteranas con TEPT para apoyarlas?

R: En realidad, lo fundamental es que estén a su lado. Lo mejor que puede hacer la familia de una veterana es impulsarla a buscar apoyo de una forma saludable. Pasar por el TEPT y buscar tratamiento no es algo que todos vivan de la misma manera. Sin embargo, es fundamental que haya un sólido apoyo familiar para que el veterano no se rinda en su lucha contra el TEPT. Deben celebrar el progreso y cada pequeña victoria; pregunten a la persona cómo se siente y sepan escucharla, y sean pacientes. El progreso no llega de la noche a la mañana.

P: ¿Qué pueden hacer las comunidades para apoyar a las veteranas?

R: Lo primero que puede hacer una comunidad es agradecer a las mujeres veteranas por su servicio e instarlas a identificarse como tales. Muchas veteranas no se identifican como lo que son y, en consecuencia, ignoran que hay servicios y recursos de apoyo a su disposición.

Además, el apoyo para las mujeres veteranas debe concebirse desde los cimientos, no como un apéndice añadido con posterioridad a un programa ya elaborado para veteranos hombres. Las veteranas tenemos necesidades particulares, tales como las relativas al cuidado de los niños y las específicas de la salud femenina. Cuando las veteranas sean debidamente reconocidas y sus necesidades específicas sean cubiertas, las comunidades podrán comenzar a crear un entramado sólido y exitoso de relaciones y recursos para estas mujeres, que pueden ser miembros productivos de la comunidad.

Por último, deseo que los medios y las comunidades destaquen a las veteranas que buscan apoyo cuando lo necesitan y que ayudan a otras veteranas a hacer lo mismo.

P: Fuiste coronada como la ganadora del concurso "Ms. Veteran American 2016" - ¡Felicitaciones! ¿Cómo fue la experiencia?

R: Ser "Ms. Veteran America 2016" ha sido una experiencia transformadora. Por primera vez desde que dejé las Fuerzas en 2013, siento que finalmente encontré mi verdadera vocación para retribuir a mi país. Luchar arduamente por los problemas a los que deben enfrentarse mis hermanas de armas es lo que me da energías cada día. Para mí, es una verdadera pasión, siento que es mi deber y sé que no estoy sola. El concurso "Ms. Veteran America" ha generado esta fabulosa conexión y este increíble movimiento de mujeres veteranas unidas en bien de las mujeres veteranas para que ninguna de nuestras camaradas quede relegada jamás.

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Las afirmaciones y las opiniones que aparecen en esta publicación pertenecen a su autor y no necesariamente representan las opiniones de la Oficina para la Salud de la Mujer del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU.